Super-vivencia en el Montseny

Durante finales del siglo XIX y principios del XX, muchos de los artistas e intelectuales más importantes de Cataluña escapaban de la ciudad de Barcelona para acudir al parque natural del Montseny e inspirarse en la naturaleza. Según cuentan, en estas excursiones se solían acercar a la masía de la Figuera, comían junto a la familia catalana y jugaban con Lola, la pequeña de la casa, quien creció rodeada de músicos, poetas y pensadores que marcarían su vida para siempre.

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La masía de la Figuera | Mercedes Parrilla

En octubre de 2016, los alumnos del Máster en Periodismo de viajes de la Universidad Autónoma de Barcelona, de la mano del profesor David Rull, rememoraríamos los pasos de aquellos artistas se adentraron en este gran parque natural. Nuestra salida de campo junto a Rull era una práctica de supervivencia a la que el mismo profesor prefería denominar «vivencia», pues aunque compartiera con nosotros algunas leyes no escritas para sobrevivir sobre alimentación, hidratación o setas venenosas, se centró en enseñarnos a ubicarnos en el espacio según el sol y las estrellas, a interpretar cada elemento de un mapa acompañados de una brújula, a usar un gps para registrar nuestra  ruta y a grabar en nuestra mente que el objeto más preciado para cualquier periodista es su libreta; una serie de códigos que, para él, son básicos en toda vivencia.

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Periodismo de viajes en el Montseny | Lara Baqués Valldosera

Nuestro punto de salida fue la Plaza Cataluña, donde cogimos un ferrocarril hasta San Martí de Centellas. Habíamos dejado atrás el ruido y las prisas de la ciudad de Barcelona y comenzamos la visita recorriendo el pueblo de Aiguafreda, en el que pueden verse una ermita, un pozo en el que antaño se hacía hielo, un refugio de pesca o una pequeña plaza que rinde homenaje al poeta Joan Margall, amigo de la familia de la Figuera.

Una vez trazada la ruta emprenderíamos un recorrido de casi quince kilómetros en el parque natural del Montseny, el más antiguo de Cataluña y uno de los más importantes dada su comunidad vegetativa. Tardamos siete horas en llegar a una altitud máxima de 989 metros y volver al pueblo, a 428 metros; un camino increíble que se nos hizo corto disfrutando de un espacio natural en el que, las historias que Rull nos contaba, eran el hilo conductor.

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Libreta y cámara en mano | Mercedes Parrilla

Una vez llegamos a la zona más alta, paramos a comer y a reponer fuerzas imaginando cómo se habrían sentido en el mismo sitio tantos artistas un siglo atrás. La masía de la Figuera nos esperaba ya muy cerca. Al acercarnos a esta casa es inevitable imaginar cómo habrían sido las tardes entre tanta sabiduría e inspiración.

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En vistas a las musas | Mercedes Parrilla

La dificultad de la excursión es moderada, no supone grandes complicaciones y es recomendable ir descansados y llevar agua y almuerzo. Nuestra ruta fue fielmente registrada por Alejandro Gonzalez Amador y puede seguirse en el siguiente enlace de Wikiloc.

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