Entre osos y samurais

La antigua ruta Nakasendo era el camino que conectaba las ciudades de Kyoto y Tokyo a través de las montañas del Valle de Kiso. La ruta original constaba de 500 kilómetros que atravesaban los Alpes Centrales, con lo cual se construyeron pequeñas ciudades a lo largo del camino para que los viajeros, que se desplazaban a pie normalmente, pudieran descansar y alimentarse. Hoy en día, tan sólo algunos de esos pueblos mantienen el diseño original de antaño y permiten realizar parte de este viaje.

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Valle de Kiso | Joseba Urruty

La zona más conocida y mejor conservada, por lo tanto mas accesible, es la que une las localidades de Magome y Tsumago, de unos 8km por los bosques de la zona.

 Magome es un lugar de otra época, de los que hace viajar en el tiempo. El periodo Edo, uno de los mas prósperos de la cultura japonesa, se muestra en todo su esplendor en esta pequeña localidad. La época de los samuráis en todo su apogeo. Parece como si en cualquier momento estos legendarios guerreros fuesen a aparecer por alguno de sus oscuros callejones o sus casas de madera tradicional.

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Calle principal de Magome | Joseba Urruty

A pesar de ser la zona más conocida de la ruta, todavía se mantiene distante con el turista. La ausencia de hoteles y hostales mantiene el encanto del lugar. Por ello, el alojamiento es el tradicional Ryokan: antiguas casas tradicionales que se han convertido en hospedaje para visitantes. Las habitaciones son escasas, pero la sensación de inmersión dentro de la cultura ancestral nipona es majestuosa. Dormir en suelos de tatami, partas correderas de madera y comida elaborada por locales. También cabe destacar que prácticamente toda la ciudad cierra a partir de las 5 de la tarde, en cuanto cae la noche, y las calles caen en la absoluta oscuridad. Todo un privilegio para poder disfrutar de las estrellas de esta localidad que duerme bajo montañas de más de 3000m.

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Sendero hacia Tsumago | Joseba Urruty

El camino que une Magome con Tsumago es una sendero de unos 8km a través de bosques y cascadas. Tan sólo esos torrentes de agua son capaces de romper el silencio y la paz que acompañan el recorrido. Durante la hora que dura el recorrido, no vimos ningún oso. (Sí, es una zona en la que habitan osos salvajes). Buena cuenta de ello nos dan las señales que así nos advierten. Unas campanas son la única defensa ante estos animales: el ruido los mantiene alejado, así que, ante la ausencia de samuráis que nos salven, basta con hacerlas sonar al pasar junto a ellos para sentirnos más seguros.

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Las señales de advertencia son abundantes por el camino | Joseba Urruty

Tsumago es conocida como la ciudad mejor preservada en Japón, tanto que los coches están prohibidos en la calle principal. Al igual que en Magome, sus edificios tradicionales le dan un aspecto único. Una vez terminado el viaje, un sello en la oficina central certificará que hemos completado el recorrido. Un viaje que, a nosotros, no nos ha convertido en samuráis, pero nos ha acercado aún más, si cabe, al corazón de Japón.

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Tsumago | Joseba Urruty
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