Denuncia en nombre de la Tierra

Haciendo click en estas líneas decides unirte a un grupo humano más preocupado por el planeta que por su último mensaje de whatsapp o próximo selfie, el evento del fin de semana o las cañas que tomará el viernes.

Eres bienvenido. Estás aquí porque entiendes que nada de lo anterior es relevante cuando hablamos de salvar el planeta: es una necesidad de carácter urgente. Y digo salvar porque estamos destruyéndolo, pero entiendo que eso tú ya lo sabes. Eres un lector inteligente y espero que también consciente de que el cambio climático constituye la mayor amenaza medioambiental a la que se enfrenta la Humanidad. Y esto nos afecta a todos. Está sucediendo ya.

Oso polar nadando en el mar de Beaufort en 2012. : NOAA Photo Library
Oso polar nadando en el mar de Beaufort, 2012 | NOAA Photo Library

Tengo la suerte de haberme criado en una isla. He podido disfrutar del olor a mar todas las mañanas, de temperaturas privilegiadas todo el año y de pasar los veranos con la piel salada. Los mejores momentos de mis vacaciones los recuerdo dentro del agua, jugando a ser chica de natación sincronizada o nadando en perrito hasta los brazos de mi madre. Son recuerdos que me llevan al sabor de la infancia y que probablemente tú también compartas; quizás no sean recuerdos del mar, pero sí de un río en el que pasabas las tardes, o de excursiones a la montaña, vacaciones en la nieve o picnics en el bosque. Todos tenemos lugares especiales en los que hemos aprendido a amar la vida y la naturaleza. Esta sensación es única y puede que nuestros nietos no puedan repetirla.

El cambio climático ha llegado y su impacto potencial es brutal. El año 2015 ha sido el más cálido desde que se tienen registros de la temperatura en la Tierra; y en un futuro no lejano se predicen faltas de agua potable, extinción de animales y plantas, cambios en la producción alimentaria y una mayor cantidad de muertes debido al aumento de desastres naturales como inundaciones, tormentas, sequías u olas de calor. Las consecuencias ambientales, económicas y sociales serán devastadoras, con un mayor impacto en los países en vías de desarrollo; y la Organización Mundial de la Salud advierte de un posible aumento de la malaria, desnutrición y enfermedades transmitidas por el agua.

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Pancarta de protesta | Creative Commons

En este aspecto España presenta una especial vulnerabilidad dada su situación geográfica; pero en nuestro país no oímos nada de esto. Aquí el marco político va de confuso a desastroso y el caso de corrupción semanal monopoliza canales y noticias. Las medidas medioambientales son las últimas en los programas electorales, y los datos recogen que España es de los países más incumplidores del Protocolo de Kioto. La última reforma del sector eléctrico frena las energías renovables, penaliza el autoconsumo energético y fomenta energías sucias como la extracción de petróleo y el fracking, prácticas que se han intentado llevar a cabo en comunidades como las Islas Baleares, Cataluña o las Islas Canarias (territorios que, curiosamente cuentan con el título de Reserva de la Biosfera). El comportamiento de la clase política y económica es despótico; no importan las manifestaciones de miles de personas que alzaron la voz al haber visto peligrar ese pedacito de tierra en el que aprendieron a amar la vida. Se ningunearon las cifras, se manipuló el mensaje, se dio de lado a la población y aún más preocupante: se ignoró que no existe manera segura de extraer petróleo en aguas profundas y que la quema de hidrocarburo es la mayor causa de cambio climático del planeta.

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Manifestación en Lanzarote contra las petroleras | Canarias Actual

Pero esta situación no puede ser responsabilidad única de un país cuando Europa nos invita día a día a participar en una sociedad cada vez menos solidaria y más consumista. Y mientras tanto, el cambio climático nos sonríe y se torna irreversible.

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Cachalotes encontrados en Alemania con el estómago lleno de plástico | True Activist

Hay que actuar. Es necesario tomar conciencia. Tenemos que entender que el planeta no aguanta el ritmo de contaminación y vertidos que le estamos imponiendo. Es preciso apostar por una revolución energética a favor de las renovables, en busca de la eficiencia. Debemos parar el consumo desenfrenado que ejercemos alimentando a multinacionales que destruyen nuestro planeta. No relajarnos en el reciclaje. Y es nuestro deber exigir responsabilidades y un marco jurídico digno a los gobiernos. Hagamos el esfuerzo. Que nuestra presencia construya un cambio progresivo y no un daño irreparable al planeta. Por respeto, por agradecimiento, por darle sentido a nuestra existencia. Por nosotros, por los que vienen; por la naturaleza. Hagamos que la vida merezca la pena.

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Morsa sobre el flujo de hielo, derritiéndose en Alaska | Greenpeace
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