Ampurias, un yacimiento arqueológico con vista al mar

Uno de los mejores lugares para visitar desde Barcelona es la Costa Brava, nombre que impuso un periodista en 1908 para referirse la zona costera que comienza en Blanes y termina en Portbou. Además de los paisajes, hay lugares ideales para los amantes de la historia y la arqueología: Ampurias o en catalán Empúries, es donde yace la entrada de la cultura greco romana a la península Ibérica. Los restos arqueológicos se encuentran sobre el golfo de las Rosas, declarado como UNESCO como uno de los más bellos del mundo.

Ampurias | María Antonieta García

Apartes de la historia de Ampurias
Esta zona estuvo habitada desde el siglo VII a.C. por indígenas que vivían en elevaciones del terreno. Uno de esos asentamientos de la Edad de Hierro, estaba ubicado donde hoy está el pueblo de San Martín de Ampurias y mantenía comercio con etruscos, fenicios y griegos. Estos últimos, en la primera mitad del siglo VI a.C. fundaron la Palaia Pólis en ese asentamiento y luego la Néa Polis, que es lo que hoy en día se puede visitar en este yacimiento arqueológico. La influencia griega en los indígenas de la zona, los indiketes, dio paso a la cultura ibérica.
La ciudad griega fue fundada en 575 a.C. por los griegos del Focea (actual Turquía) con un objetivo comercial, como puerto mediterráneo occidental, de hecho el nombre significa en griego mercado y puerto de comercio. Luego fue capital romana, en latín Emporiae, desde el siglo IV a.C. una ciudad muy importante, de hecho de allí viene el nombre de L´Empordá, que actualmente denomina la zona y fue base del municipio de L’Escala (en Gerona).
En el 218 a.C., durante la Segunda Guerra Púnica, el ejército romano llegó a Empúries queriendo cerrar el paso a las tropas cartaginesas. Estos últimos, se instalaron en Hispania mientras Aníbal y sus elefantes seguían su camino a Roma. Este fue el primer lugar al que llegaron los romanos en la península Ibérica en donde convivieron con los griegos hasta que estos últimos se romanizaron. Mientras tanto, los romanos seguían imponiéndose en otras zonas como en Gerunda (Girona), Barcino (Barcelona) y Tarraco (Tarragona). Debido a esto lentamente Ampurias fue olvidándose y en el siglo III d.C. ya estaba abandonada por completo.
Tras la invasión árabe y la recuperación franca (siglo VIII), se convirtió en la capital del condado carolingio y luego en el siglo XI del condado medieval hasta que el conde trasladó la capital a Castelló. Desde ese momento la ciudad pierde importancia y se vuelve núcleo de pescadores para terminar siendo en el siglo XVI el pueblo de la Escala, situado a un kilómetro al sur del yacimiento arqueológico.

Ampurias | Adriana Santiago

El yacimiento arqueológico
Las ruinas se comenzaron a excavar en marzo de 1908 tras la iniciativa del arquitecto modernista Puig i Cadafalch y aún hoy continúan las investigaciones. Lo que se puede apreciar de la ciudad romana es tan solo un 25% de lo que hay por excavar. En 1926 se empezó a construir el Museo monográfico y centro de investigaciones, lo que impulsó el turismo y la protección de este patrimonio. Hoy el centro de investigaciones, que se encarga de la difusión y conservación de los bienes y lugar, hace parte del Museu d’Arqueologia de Catalunya, en el que sobresalen mosaicos de las viejas casas y la sala de la escultura de Esculapio.

Escultura de Esculapio | Adriana Santiago
Museo en Ampurias | Adriana Santiago

Las ruinas que se pueden apreciar corresponden a la neápolis, fundada en el 550 a.C. y por eso, lo que se ve corresponde a las épocas republicana, imperial y alto medieval. Lo más antiguo está aún en el subsuelo y sólo en contadas zonas se hace visible por excavaciones que se hicieron en los años ochenta. La ciudad nueva estaba rodeada por una muralla que al oeste separaba la ciudad ibérica de Indika. Lo que más llama la atención durante la visita, aparte de las casas civiles, es el recinto del dios de la medicina; construcción que funcionaba como centro medicinal, terapéutico y religioso edificado en honor a Asclepio. Allí se encuentran cisternas en donde se almacenaba agua y un pozo abierto que posiblemente contenía serpientes consagradas al dios de la medicina. Llama la atención la escollera helenística de 82 metros de longitud, construida al parecer en el siglo I a.C., las termas romanas del siglo IV d.C. y la basílica paleocristiana en medio de un cementerio.
Para la visita a las ruinas y al museo habrá que contar con aproximadamente hora y media de tiempo (luego de un viaje de aproximadamente dos horas desde Barcelona) y se debe reservar con anterioridad la guía, que posiblemente sea una carismática persona vestida con una túnica griega. Es importante hacer la visita en compañía de un guía pues debido a que las ruinas muestran restos griegos y romanos de diferentes momentos, es confusa su apreciación. Las ruinas se encuentran en buen estado de conservación pero los recursos explicativos no son muy fáciles de comprender.  Es fundamental el apoyo del Museo para completar la visita, pero hace falta investigar un poco antes de visitar el lugar para poder entender completamente la historia y el contexto de estas interesantes ruinas grecorromanas de la Costa Brava, destino obligado.

Para más información visite la página de turismo de L’Empordá, la sección cultural de la página oficial de Turismo en Cataluña o la página del Museo Arqueológico de Cataluña.

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